
Para saber en qué categoría se ubica una persona que está frente a uno, lo mejor es abrir en grande sus tres sentidos: la vista, el oído y los sensaciones. Uno nota entonces que su atención es llamada por un sentido más que por los otros dos.
Por ejemplo, los visuales tienen una tendencia a captar nuestra mirada, sea porque están vestidos con gusto y con ropa colorida, sea porque tienen ademanes o mímicas que atraen la mirada. Tienen tendencia a colocarse justo enfrente de su interlocutor. Pueden ser tímidos o expansivos según las personas.
Tienen también tendencia a buscar las bromas a riesgo de ser a veces burlones. En cambio, no están a sus anchas en las conversaciones muy afectivas o muy serias.
Por otra parte, se puede constatar que seguido acceden a representaciones mentales visuales dirigiendo la mirada hacia arriba.